¿ Quiénes somos ?

Mira la estrella, invoca a María.
Que su nombre nunca se aparte de tus labios, jamás abandone tu corazón.

San Bernardo de Claraval

MARIA, ESTRELLA DE LA MAÑANA

La estrella de la mañana es aquella que surge la primera en el cielo y anuncia el amanecer. Es la estrella más brillante, anima a los que han velado durante toda la noche y manifiesta la victoria de la luz sobre las tinieblas. La Virgen María es para nosotras esta estrella que nos guía siempre en la esperanza, por eso hemos escogido este nombre que nos enraíza en la tradición de la Iglesia. De siempre, de hecho, se invoca a María como la Estrella: la letanía nos habla de la Estrella del mar o de la Estrella de la mañana. Nuestra comunidad quiere vivir de la maternidad de María, enraizarse en el corazón de la Iglesia, a la sombra de todos los santos que también son astros en el cielo.

 

Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio, esperando tus palabras.

Salmo 119

Nuestra vida, enraizada en la tradición monástica, está marcada por la oración del Oficio divino, la adoración eucarística, el trabajo manual y el estudio bíblico, filosófico y teológico. Velamos por que esta vida sencilla y genuina asuma todas las dimensiones de la persona humana (trabajo, amistad, libertad, responsabilidad, diálogo, escucha, confianza) y favorezca su desarrollo. Para eso, es necesaria una formación integral de la persona.

Aunque manteniendo una verdadera clausura, nos gustaría compartir nuestra vida de oración y nuestra formación con aquellos que lo deseen y que se acerquen a reponer fuerzas al amparo de nuestros monasterios. En ocasiones se nos pide animar momentos de oración fuera del convento.

La oración anticipo del cielo.

San Juan María Vianney

Nuestra vocación es una vida de oración vinculada al misterio de la Eucaristía. Cada jornada está marcada por dos horas de oración ante el Santísimo Sacramento y encuentra el punto culminante en la celebración de la Eucaristía que se prolonga  con un tiempo de acción de gracias.

El trabajo manual también tiene toda su importancia: éste es esencial al equilibrio de la persona y nos permite subsistir.

Una característica de nuestra vida contemplativa es su impulso misionero. Vivido fundamentalmente en la oración  y  siendo una presencia visible y accesible allí donde nuestros conventos se establecen. El Espíritu Santo nos envía a vivir el mandamiento del amor dado por Cristo y dar testimonio de  Él en todos los continentes.