La delicadeza, flor de la caridad

10/2/26

¿La delicadeza, una cualidad poco común? En nuestro mundo, donde se valora mucho la asertividad, la eficacia y la rapidez, casi se nos olvida ser delicados... Sin embargo, eso es precisamente lo que tanto conmovió a Bernadette de Lourdes durante las dieciocho apariciones de Nuestra Señora. Además de la «sonrisa graciosa» de la luminosa joven, además de su voz «fina y suave», es la primera vez que la humilde pastora es tratada de usted, pero eso no es todo: ¡hay que ver con qué consideración, con qué deferencia le habla la Santísima Virgen! «¿Me harías el favor de...?» ». El abate Laurentin, en su obra Bernadette vous parle, precisa que cuando la Santísima Virgen pide a Bernadette que avance de rodillas hasta el fondo de la gruta, añade: «¿Le molestaría?». ¡Qué contraste con la rudeza del cura! «¿Qué quieres? ¿Qué te ha dicho?».

La Virgen María no puso ningún obstáculo al despliegue de la virtud teologal de la caridad que había recibido en su corazón inmaculado. Esta pudo entonces crecer e intensificarse. También se puede decir que la Virgen María utiliza su inteligencia, también Inmaculada, para adaptarse al ritmo del otro. Su inteligencia realista y pura le permite conectar perfectamente con el otro en lo más profundo de su ser. El resultado es esa exquisita delicadeza que, por cierto, se refleja muy bien en las bodas de Caná: una intervención discreta, sutil, respetuosa con el orden de las cosas, pero no exenta de audacia.

La teología católica enseña que, si bien el pecado original ha dañado nuestra inteligencia en su ejercicio, esta permanece intacta en su capacidad de percibir la realidad tal como es. Nuestra capacidad de amar, por su parte, está dañada, pero podemos orientarla y hacerla crecer mediante una amistad verdadera y, sobre todo, podemos dejar que se transforme bajo la acción de la caridad. Siguiendo el ejemplo de la Virgen María, escuchando las inspiraciones del Espíritu Santo, aprendamos a utilizar nuestra inteligencia en lo que tiene de más grande, apoyémonos en la caridad: entonces veremos florecer esa hermosa flor que es la delicadeza, tan necesaria, tan consoladora.

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